Ocho primos
Ocho primos —No; y lo más gracioso es que a ella la vuelve loca.
—¿De que color? —inquirió Rosa, interviniendo.
—Azul y castaño.
—¿Es bueno para comer? —dijo Jamie.
—Algunos piensan que sÃ, pero a mà no me gustarÃa probarlo —contestó Charles, riendo tanto que derramó el té.
—¿A quién pertenece? —quiso saber Esteban.
Archie y el PrÃncipe se miraron algo indecisos un minuto, y luego Archie contestó con un guiño que hizo a Charles explotar de nuevo:
—¡Al abuelo Campbell!
Aquello era una adivinanza y se dieron por vencidos, aunque Jamie confesó a Rosa que no podrÃa vivir hasta el lunes sin saber que era aquello tan notable.
Poco después de tomar sus tes partió el clan, cantando a voz en cuello: «Todos los bonetes azules están en la frontera».
—Bueno, querida, ¿te gustan tus primos? —preguntó la tÃa Abundancia, en el momento en que el último pony dobló la esquina y el estruendo empezó a perderse.
—Bastante, tÃa; pero Febe me gusta más.