Ocho primos

Ocho primos

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Fue un gran comienzo, y muchos bailes siguieron hasta que alguno de ellos confesaba estar cansado. Hasta el propio Fun See se distinguió en pareja con la tía Abundancia, a quien admiraba mucho por ser la dama más robusta del conjunto, dado que en su país la gordura se considera belleza. La bondadosa anciana se declaró muy halagada por la alabanza y los chicos declararon que lo había cautivado, pues de lo contrario no se hubiese atrevido jamás a sorprenderla debajo del muérdago y pararse en puntas de pies para depositar muy gentilmente un beso en su mejilla.

¡Cómo se rieron todos al verla tan asombrada, y cómo los ojillos negros de Fun brillaron al oír esta salida! Quien le había sugerido la idea fue Charlie, el cual a su vez estaba ocupado en perseguir a Rosa, tendiéndole toda clase de trampas e induciendo a los otros a ayudarlo. Pero Rosa no se descuidaba, y salvo todos los obstáculos, declarando que no podía haber cosa más abominable que aquellas antiguas costumbres. La pobre Febe no fue tan mañosa, y Archie aprovechó artera mente un descuido suyo mientras ofrecía té a la tía Myra, que estaba precisamente al lado de la rama fatal.

Si la llegada del padre no lo hubiese puesto fuera de sí, cabe dudar si el orgulloso Jefe hubiese llegado a tanto, pues en el acto pidió disculpas muy ceremoniosamente, al tiempo que atrapaba en el aire la bandeja que estuvo por caerse de las manos de Febe.


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