Ocho primos
Ocho primos Por estas escaleras a mi cuartito iremos; allà verás las cosas preciosas que tendremos. Vamos, querida Febe, vamos ya.
—¡Como para resistir la tentación! —contestó Febe con vehemencia, añadiendo al entrar en la Glorieta—: Tú eres la araña más encantadora que ha existido en el mundo, y yo la mosca más dichosa.
—Voy a ser muy estricta, de modo que siéntate en esa silla y no abras la boca hasta que en esta escuela se inicien las clases —ordenó Rosa, embelesada con la perspectiva de cosa tan agradable y útil que hacer.
AsÃ, pues, Febe se sentó muy formal en el sitio señalado, mientras que su maestrita extendÃa libros y pizarras, un hermoso tintero y un pequeño globo terráqueo; luego arrancó apresuradamente un trozo de su esponja, afiló lápices con más energÃa que habilidad y cuando todo estuvo listo la miró tan seria que la alumna no pudo contener la risa.
—Ahora ya está todo pronto; veamos cómo lee usted, señorita Moore, a objeto de decidir en que clase la coloco —dijo Rosa, mientras abrÃa un libro y se lo daba a su discÃpula, sentándose después en un sillón con una regla muy larga en la mano.