Ocho primos
Ocho primos La única manera de salvarse fue fijar su atención en el tío Mac, un caballero sereno y majestuoso, que parecía por completo inconsciente de las iniquidades del clan y dormitaba plácidamente en un rincón. Éste era el único tío que había conocido Rosa durante muchos años, pues los tíos Jem y Steve, maridos de tías Jessie y Clara, estaban navegando y tía Myra era viuda. El tío Mac era comerciante muy próspero y rico y en casa tan callado como un ratón, pues se hallaba en inferioridad de situación frente a las mujeres y no osaba abrir la boca, dejando que su mujer lo gobernara todo sin intromisiones.
A Rosa le agradaba el hombre grandote, silencioso y bueno que vino a verla en cuanto falleció el padre, constantemente le mandaba espléndidas cajas de golosinas y otras cosas a la escuela, y a menudo la invitaba a sus grandes depósitos, llenos de tes y especias, vinos y toda suerte de frutas extranjeras, donde podía comer y escoger cuanto quisiera para llevarse. Lamentó en secreto de que no fuera su tutor; pero desde que vio al tío Alec cambió un poco de idea, pues en el fondo no sentía admiración ninguna por la tía Juana.