Ocho primos
Ocho primos —Esta es la taza que te prometÃ. Según dicen, su virtud depende de que la llene la misma persona que ha de usarla, lo cual quiere decir que tendrás que aprender a ordeñar. Yo te enseñare.
—Creo que nunca podré aprender —dijo Rosa, mientras contemplaba embelesada la taza en cuya asa danzaba un duendecillo, que parecÃa estar por zambullirse al mar blanco y profundo.
—¿No crees que necesitarÃa algo que la fortifique más que la leche, Alec? —inquirió la tÃa Abundancia, mirando con suspicacia los nuevos remedios y convencida de que serÃan más eficaces sus dosis a la antigua que todas las almohadas y tazas del Oriente—. Me voy a preocupar mucho si no toma algún tónico.
—Bueno, estoy conforme en darle una pÃldora, si creen que será mejor. Es muy sencilla y se puede tomar en grandes cantidades sin que cause daño alguno. ¿Sabes que el haschÃs es el extracto del cáñamo? Pues bien, esta es una preparación de trigo y centeno, que se uso mucho en otras épocas y creo que no dejará de surtir efecto.
—¡Dios mÃo! ¡Qué cosa singular! —exclamo la tÃa Abundancia, calándose los anteojos para inspeccionar de cerca las pÃldoras, con tal expresión de respetuoso interés, que la gravedad del doctor Alec estuvo por quebrantarse.