Ocho primos
Ocho primos —Toma una de mañana, y buenas noches, querida —dijo el hombre, despidiendo a su paciente con un beso.
Luego, cuando la chica desapareció, se llevo ambas manos al cabello, exclamando, con una cómica mezcla de ansiedad y risa:
—Cuando pienso en la responsabilidad que he aceptado, te aseguro, mi querida hermana, que siento impulsos de echar a correr y no volver hasta que Rosa tenga dieciocho años.