Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin ¿Qué hay de mi Onieguin? Rendido, después del baile vuelve a su casa para dormir, mientras el turbulento Petersburgo se despierta al redoble del tambor. El comerciante se levanta, el vendedor ambulante sale a la calle, el izvoschik[9] se dirige a su parada; una mujer de Ojta[10] corre con un jarro de leche; la nieve cruje bajo sus pies. Los agradables ruidos de la mañana surgen por doquier, las persianas se abren, el humo de las chimeneas se eleva en torbellinos hacia el cielo azul, y el panadero, alemán metódico, con un gorro de papel, ya abrió varias veces su was ist das.