Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin Su marido la querÃa sinceramente y no se mezclaba en sus fantasÃas; inconscientemente, le confiaba todo, y, como ella, comÃa y bebÃa en batÃn. Su vida transcurrÃa tranquila; a veces, al anochecer, se reunÃan unas cuantas familias amigas y algunos vecinos para lamentarse, cotillear y reÃrse un poco. El tiempo pasaba; entretanto, mandaban preparar el té a Olga; después llegaba la hora de la cena; más tarde, la de dormir, y los invitados se iban. Respetaban las buenas costumbres de antaño en su vida apacible; por Cuaresma, tenÃan la costumbre de hacer blini[22] rusos; confesaban y comulgaban dos veces al año; les gustaban los columpios, las canciones de mesa y los jorovod[23]. El dÃa de la Trinidad, cuando la gente escuchaba, bostezando, el tedéum, conmovidos, dejaban correr tres lágrimas. El kvas[24] les era tan necesario como el aire; en la mesa se servÃa a los invitados por orden, según rango. De esta suerte envejecÃan juntos y, por fin, se abrieron ante el esposo las puertas de la tumba y recibió una nueva corona. Murió antes de la hora de la comida, llorado por su vecino, sus hijas y su sincera esposa. Era un señor sencillo y bueno, y allà donde reposan sus restos mortales dice la dedicatoria del monumento:
BAJO ESTA PIEDRA
YACE EN PAZ EL HUMILDE PECADOR
DIMITRI LARIN
ESCLAVO DEL SEÑOR Y BRIGADIER