Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin ¡Cantante de los Festines y de la indolente tristeza! Si aún estuvieras conmigo, te molestarÃa con un ruego indiscreto: que reprodujeras en cantos fantásticos las palabras extranjeras de la joven apasionada. ¿En dónde estás? Ven; te transmito mis derechos de poeta con una gran reverencia. Pero bajo el cielo de Finlandia vas errando sólo entre las tristes rocas; tu corazón se ha desacostumbrado de las alabanzas y tu alma no oye mi dolor.
La carta de Tania está ante mÃ; la guardo religiosamente, la leo y la releo con secreta angustia, ¿Quién habrá infundido esta dulzura y esta naturalidad a sus palabras? ¿Quién le habrá inspirado esta tierna y fútil charla, este lenguaje del corazón tan atrayente y peligroso? No lo puedo comprender; pero he aquà una traducción incompleta y mediocre, que es como una copia desvaÃda de una escena real, como la composición de Freischütz tocada por las manos de un discÃpulo.
LA CARTA DE TATIANA A ONIEGUIN