Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin Sin embargo, el amor de las dulces bellezas es más seguro que la amistad y el parentesco. Guardáis sobre ellas vuestros derechos hasta en medio de la tempestad apasionada. «Claro que es asû, diréis vosotros. Mas, entretanto, no hay que olvidar el viento de la moda, y el capricho de la Naturaleza, la opinión de la sociedad —todo esto es muy fuerte—, y el sexo débil es tan sutil, tan sutil como una pluma. Una esposa virtuosa también tiene que respetar la opinión del marido, y asà nuestra fiel amiga es seducida. ¡Cómo le gusta a Satanás jugar con el amor! ¿A quién amar? ¿En quién creer? ¿Quién será el único que no nos traicionará? ¿Quién se preocupará amablemente de nuestros intereses y de nuestros discursos? ¿Quién no sembrará sobre nosotros calumnias? ¿Quién se preocupará de mimarnos? ¿Para quién no es una desgracia nuestro vicio? ¿Quién no nos cansa alguna vez? Inquieto buscador de un fantasma, no te mates inútilmente. Amaré a ti mismo, respetable lector: a buen seguro que no existe objeto más digno y agradable.