Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin ¿Qué es de Onieguin? A propósito, hermanos, os pido paciencia; os contaré con detalle sus diarias ocupaciones. Vivía como un anacoreta: en verano se levantaba a las siete y, ligero, se dirigía hacia el río que corre a los pies de la montaña; imitando al cantante de Gulmara, pasaba a nado su Helesponto. Otra vez en casa, bebía su café, ojeaba un mal periódico y se vestía. No era posible que llevaseis un traje igual. Los paseos, el estudio, el profundo sueño, la sombra del bosque, el murmullo de los riachuelos, a veces el juvenil y fresco beso de una doncella de rostro blanco y ojos negros, las obedientes riendas del fogoso caballo, la comida bastante delicada, la botella de vino blanco, la soledad, el silencio… Tal era la santa vida de Onieguin, y, sin darse cuenta, se entregó a ella sin reparar en su indiferente languidez, en los bellos días de verano, olvidando la ciudad, los amigos y el aburrimiento de las festivas diversiones.