Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin Mira en torno suyo. Una suave luz invade la habitación: es el rayo rosado de la aurora que luce a través de los cristales. La puerta se abre, Olga entra, ligera cual golondrina y más sonrosada que la aurora. «Dime —le pregunta—, ¿A quién viste en sueños?». Tatiana, en la cama, no le hace caso, ni le contesta siquiera; está hojeando un libro que no expone ni las dulces facciones del poeta, ni sabias verdades, ni bellas descripciones. Pero ni Virgilio, ni Racine, ni Scott, ni Byron, ni Séneca, ni siquiera una revista de modas la hubieran podido enajenar de tal manera como el libro que leÃa. Este era de MartÃn Zadiedka, ¡amigos mÃos! El maestro de los sabios caldeos, astrólogo y adivinador de los sueños.
Un dÃa, un vendedor ambulante trajo a aquella sociedad esta profunda creación que por fin cedió a Tania, junto con un destrozado Malvina, por tres rublos y medio, tomando, además, por ellos un libro de fábulas populares, una gramática, dos Petrarcas y el tercer tomo de Marmontel. Desde entonces MartÃn Zadiedka fue el autor predilecto de Tania. Él la consuela de todas sus penas y duerme siempre junto a ella.