Eugenio Oneguin
Eugenio Oneguin Retíranse las sillas con ruido, y los invitados pasan al salón cual abejas que abandonan su dulce colmena para volar ruidosamente en enjambre por los campos. Satisfechos del festín, los caballeros resoplan ruidosamente uno frente a otro; las damas se sientan alrededor del fuego, las señoritas cuchichean en un rincón. Las mesas verdes están preparadas para los empedernidos jugadores de boston, de omber y de whist; todos estos juegos, conocidos hasta hoy día, forman parte de la misma familia: el aburrimiento.