La hipótesis del amor
La hipótesis del amor Olive casi dejó caer la pipeta que sostenía. —¿De qué estás hablando?
Malcolm soltó una risa sarcástica. —Vamos, Olive. Cada vez que Carlsen entra en la habitación, te conviertes en un robot defectuoso.
—No es cierto.
—Claro, y yo soy premio Nobel.
No podía negar que algo había cambiado desde el congreso, pero Olive se negaba a analizarlo demasiado. La relación entre ellos seguía siendo un experimento controlado, una farsa cuidadosamente construida para convencer a Anh. Solo eso. Y si de vez en cuando su corazón se aceleraba cuando Adam estaba cerca, bueno, debía ser un efecto colateral pasajero.
Pero el destino tenía otras ideas.
Un día, Adam apareció en la puerta de su laboratorio, su expresión seria como siempre. —Necesito que vengas conmigo.
—¿Ahora? Estoy ocupada.
—Es importante.
La insistencia en su tono no dejaba lugar a discusiones. Olive lo siguió, tratando de no fijarse en lo alto que parecía bajo la luz fluorescente o en cómo su presencia llenaba el espacio a su alrededor.