La hipótesis del amor
La hipótesis del amor Esas palabras se quedaron con ella mucho después de que Adam se fue. En los días siguientes, Olive presentó su trabajo con confianza renovada. La reunión fue un éxito, y su investigación recibió el financiamiento que tanto necesitaba. Pero la victoria no se sintió completa.
El verdadero cambio ocurrió una noche, mientras Olive repasaba sus notas en casa. Su teléfono vibró con un mensaje de Anh:
“Gracias por todo, Olive. No sabes cuánto aprecio lo que hiciste por mí.”
Olive se quedó mirando la pantalla, con el peso de la mentira apretándole el pecho. Había iniciado todo esto por Anh, pero ya no podía fingir que lo que había pasado entre ella y Adam era solo una estrategia. Había algo más, algo que la aterrorizaba admitir, pero que sabía que tenía que enfrentar.
El primer paso fue buscar a Adam. Lo encontró en su oficina, como siempre, rodeado de gráficos y papeles. Cuando levantó la vista y la vio, su ceño se frunció ligeramente, pero no dijo nada.
—¿Puedo hablar contigo? —preguntó Olive, tratando de mantener la calma.
Adam asintió, cerrando su computadora. —Siempre.
Olive respiró hondo. —Creo que he sido una cobarde.