La hipótesis del amor
La hipótesis del amor —No todos disfrutamos siendo el centro de atención —respondió Olive, ajustándose la correa del bolso con nerviosismo.
Adam la estudió en silencio por un momento. Luego, con un movimiento inesperadamente suave, la tomó del brazo y la condujo hacia un rincón apartado.
—Escucha, no necesitas fingir que tienes todo bajo control. No conmigo.
Las palabras de Adam la dejaron sin aire, como si él hubiera puesto en palabras algo que ella misma no se había atrevido a admitir. Pero, antes de que pudiera responder, una voz interrumpió la burbuja que los rodeaba.
—¡Carlsen! —un profesor mayor, con una sonrisa forzada, se acercó a ellos—. ¿Y quién es esta joven?
Adam ni siquiera vaciló. Colocó una mano en la espalda de Olive, como si fuera lo más natural del mundo, y dijo: —Mi novia, Olive.
El término “novia” retumbó en la mente de Olive como una campanada. Era parte del trato, sí. Pero por primera vez, le costó recordarlo.
Y mientras el congreso continuaba, Olive empezó a notar algo perturbador: no era solo la gente del campus la que parecía creer en su relación. Ella misma comenzaba a preguntarse si parte de esa mentira no estaba convirtiéndose, lentamente, en verdad.
