El dÃa que dejó de nevar en Alaska
El dÃa que dejó de nevar en Alaska —¿Qué hace una chica como tú aquÃ? —pregunta John, con una linterna en la mano y desconfianza en la voz. —Buscando una segunda oportunidad —murmura ella, aunque ni siquiera sabe si cree en eso.
La cabaña donde se aloja es pequeña, frÃa, solitaria. Pero ofrece algo que Heather no sabÃa que necesitaba: silencio. En esa primera noche, arropada apenas por una vieja alfombra y el sonido del viento golpeando las paredes, entiende que ha cruzado una frontera invisible, una de esas que no marcan los mapas.
En su primer recorrido por el pueblo, Heather percibe miradas recelosas. No es bienvenida. Aquà no hay sitio para alguien como tú , parece susurrar cada rostro endurecido por el invierno.
En un intento desesperado por reconstruir su vida, consigue trabajo en el bar Lemmini. Es ahà donde conoce a Nilak, un hombre de ojos tan frÃos como el hielo que la rodea. Su encuentro no es cálido ni alentador:
—Largo de aquà —le espeta Nilak con una mirada que atraviesa más que el viento polar.
Pero Heather está acostumbrada a luchar contra la corriente. Y aunque la nieve lo cubra todo, ella reconoce el dolor escondido detrás de esas palabras.
