La teoría de los archipiélagos
La teoría de los archipiélagos En 1980, después de que Candela se fue, Martín intentó seguir adelante. Regresó a Madrid, retomó su trabajo en la editorial y se sumergió en la rutina. Pero nada era lo mismo. Candela había dejado una marca en él, un hueco que ningún éxito profesional ni ninguna relación podían llenar.
Pasaron los años, y aunque la vida continuó, Martín nunca dejó de pensar en ella. La buscó en las páginas de libros, en los rostros de extraños, en los paisajes que visitaba. Pero lo único que tenía de ella eran sus recuerdos y los dibujos que había hecho durante aquel verano. Esas imágenes se convirtieron en su refugio, un lugar al que siempre podía regresar.
En el presente, Martín caminó hasta la plaza del pueblo, donde el mercado se estaba instalando. Las voces y los colores le recordaron a aquel verano, pero esta vez no sintió la punzada de la nostalgia. Había aceptado que el pasado era una isla inalcanzable, pero también había aprendido que no necesitaba llegar a ella para encontrar paz.