Divina Comedia
Divina Comedia Hay un lugar en el Infierno llamado Malebolge, construido todo de piedra y de color ferruginoso, como la cerca que lo rodea. En el centro mismo de aquella funesta planicie se abre un pozo bastante ancho y profundo, de cuya estructura me ocuparé en su lugar. El espacio que queda entre el pozo y el pie de la dura cerca es redondo y está dividido en diez valles o recintos cerrados, semejantes a los numerosos fosos que rodean un castillo para defensa de sus murallas; y así como esos fosos tienen puentes que van desde el umbral de la puerta hasta el otro extremo, del mismo modo aquí avanzaban desde la base de la montaña algunas rocas que, atravesando las márgenes y los fosos, llegaban hasta el pozo central y allí se reunían quedando truncadas. Tal era el sitio donde nos encontramos cuando descendimos de la grupa de Gerión; el Poeta echó a andar hacia la izquierda y yo seguí tras él. A mi derecha vi nuevas causas de conmiseración, nuevos tormentos y nuevos burladores, que llenaban el primer foso. En el fondo estaban desnudos los pecadores; los del centro venían de frente a nosotros y los de la parte de fuera seguían en nuestra misma dirección, pero con paso más veloz. Como en el año del jubileo, a causa de la afluencia de la gente que atraviesa el puente de Sant’Angelo, las autoridades de Roma han determinado que todos los que se dirijan al castillo y vayan hacia San Pedro caminen por un lado del puente, y por el otro los que van hacia el monte[144], así vi yo, por uno y otro lado de la negra roca, cornudos demonios con largos látigos, que azotaban cruelmente las espaldas de los condenados. ¡Cómo les hacían mover las piernas al primer golpe! Ninguno aguardaba al segundo ni al tercero. Mientras yo andaba, mis ojos se encontraron con los de un pecador y me dije en seguida: «No es la primera vez que veo a ése». Por lo que fijé la vista para reconocerlo mejor; mi dulce Guía se detuvo al mismo tiempo e incluso me permitió retroceder algún tanto. El azotado creyó ocultarse bajando la cabeza, mas le sirvió de poco, pues le dije: