Divina Comedia
Divina Comedia —Adelante, Alichino y Calcabrina —empezó a decir—; y tú también, Cagnazzo. Barbaricchi guiará a los diez. Vengan además Libicocco y Draghignazzo; Ciriato, el de los grandes colmillos, y Graffiacane y Farfarello, y el loco de Rubicante. Id en torno de la pez hirviente. Éstos deben llegar salvos hasta el otro escollo que atraviesa enteramente sobre la fosa.
—¡Oh, Maestro! ¿Qué es lo que veo? —dije—. Si conoces el camino, vamos sin escolta. Yo, por mÃ, no la quiero. Si eres tan prudente como de costumbre, ¿no ves que rechinan los dientes y que se hacen guiños con los que nos amenazan algún mal?
—No quiero que te espantes —me contestó—; deja que rechinen los dientes a su gusto. Si lo hacen, es por los desgraciados que están hirviendo.
Se pusieron en camino por la margen izquierda; pero cada uno de ellos de antemano se habÃan mordido la lengua en señal de inteligencia con su jefe; éste se sirvió de su ano a guisa de trompeta[173].