Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh, tú, que estás agazapado tras de las rocas del puente! Ya puedes llegar a mà con toda seguridad.
Entonces eché a andar y me acerqué a él con prontitud; pero los diablos avanzaron, de modo que yo temà que no cumplieran lo pactado y temblé como vi temblar en otro tiempo a los que por capitulación salÃan de Caprona, viéndose entre tantos enemigos[171]. Me acerqué cuanto pude a mi GuÃa y no separaba mis ojos del rostro de aquéllos, que no auguraban nada bueno. Bajaban ellos sus garfios y: «¿Quieres que le pinche en la rabadilla?», se decÃan unos a otros. Y respondÃan: «SÃ, sÃ; pÃnchale». Pero aquel demonio que estaba conversando con mi GuÃa se volvió de pronto y gritó: «¡Quieto, Scarmiglione!». Después nos dijo:
—Por este escollo no podréis ir más lejos, pues el sexto puente yace destrozado en el fondo. Si os place ir más adelante, seguid esta costa escarpada; cerca veréis otro escollo por el que podréis pasar. Ayer, cinco horas más tarde de la que es en este momento, se cumplieron mil doscientos y sesenta y seis años desde que se rompió aquà el camino[172]. Voy a enviar hacia allá a varios de los mÃos para que observen si algún condenado procura sacar la cabeza al aire. Id con ellos, que no os harán daño.