Divina Comedia
Divina Comedia Todos los demonios se volvieron hacia la pendiente opuesta, y el primero de ellos, el que se había mostrado más renitente. El navarro aprovechó bien el tiempo: fijó sus pies en el suelo y, precipitándose de un solo salto, se puso al abrigo de los malos propósitos de los diablos. Contristados se quedaron los demonios ante esta treta, pero mucho más el que tuvo la culpa de ella; por lo que se lanzó tras él gritando: «Ya te tengo». Pero de poco le valió, porque sus alas no pudieron igualar en velocidad el espanto de Ciampolo. Éste se lanzó a la pez y el demonio cambió la dirección de su vuelo, llevando el pecho hacia arriba[177].