Divina Comedia
Divina Comedia —Si queréis ver u oÃr a toscanos o lombardos —empezó a decir en seguida el desgraciado pecador—, haré que vengan. Pero que esas malditas garras se mantengan un poco apartadas a fin de que ellos no teman sus heridas. Yo, sentándome en este mismo sitio, por uno que soy haré venir a siete, silbando como acostumbramos cuando uno de nosotros saca la cabeza fuera de la pez.
Al oÃr estas palabras, Cagnazzo levantó el hocico meneando la cabeza y dijo: «¡Oigan el medio malicioso de que se ha valido para volver a sumergirse!». A lo cual contestó aquel que tenÃa abundancia de estratagemas: «En verdad que soy un malicioso cuando expongo a los mÃos a mayores tormento». No pudo contenerse Alichino y, en contra de lo dicho por los otros, respondió: «Si te arrojas en la pez, no correré al galope detrás de ti, sino que emplearé mis alas para ello. Te damos de ventaja la escarpa y el ribazo por defensa y veamos si tú solo vales más que todos nosotros».
¡Oh, tú, que lees esto: ahora verás un nuevo juego!