Divina Comedia
Divina Comedia En la época del año nuevo en que templa el Sol su cabellera bajo el Acuario y en que ya las noches van igualándose con los días; cuando la escarcha imita en la tierra, aunque por poco tiempo, el color de su blanca hermana, el campesino que carece de coraje se levanta, mira, y al ver blanco todo el campo se golpea el muslo, vuelve a su casa y se lamenta continuamente como el desgraciado que no sabe qué hacer; pero torna luego a mirar y recobra la esperanza, viendo que la tierra ha cambiado de aspecto en pocas horas, y entonces coge su cayado y sale a apacentar sus ovejas[184]; así mi Maestro me llenó de inquietud cuando vi tan turbado su rostro y así también aplicó pronto remedio a mi turbación; porque al llegar al derruido puente, se volvió hacia mí con aquel amable aspecto que tenía cuando lo vi por primera vez al pie del monte[185]. Después de haber pensado la determinación que había de tomar, contemplando antes con cuidado las ruinas, abrió sus brazos, cogiome por detrás, y como aquel que trabaja pensando siempre en la labor que emprenderá en seguida, del mismo modo, elevándome sobre la cima de una roca, señalaba a otra diciendo:
—Agárrate bien a ésa, pero tantea primero si podrá sostenerte.