Divina Comedia
Divina Comedia Echamos a andar por el escollo, que era áspero, estrecho y escabroso y más pendiente que el anterior. Iba hablando para disimular mi flaqueza, cuando oà una voz que salÃa de otra fosa, articulando palabras ininteligibles. No sé lo que dijo, a pesar de encontrarme en la cima del arco que por allà pasa, mas el que hablaba parecÃa conmovido por la ira. Yo me habÃa inclinado, pero los ojos de una persona viva no podÃan distinguir el fondo a través de aquella oscuridad. Por lo cual dije:
—Maestro, haz por llegar al otro recinto y descendamos de este muro, porque desde aquà oigo y no comprendo nada; miro hacia abajo y nada veo.
—Te responderé —me dijo— haciendo lo que deseas. Que las peticiones justas deben satisfacerse en silencio.