Divina Comedia

Divina Comedia

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Yo escuchaba aún atento e inclinado, cuando mi Guía me tocó diciendo:

—Habla tú; ése es italiano.

Y yo, que tenía la respuesta preparada, empecé a hablarle así sin tardanza:

—¡Oh, alma, que te escondes ahí debajo! Tu Romaña no está ni estuvo nunca sin guerra en el corazón de sus tiranos; pero cuando yo he llegado a este sitio no había guerra manifiesta: Ravena está como hace muchos años, el águila de Polenta anida allí y cubre aún a Cervia con sus alas. La tierra que sostuvo tan larga prueba y contiene sangrientos montones de cadáveres franceses, se encuentra en poder de las garras verdes; y los mastines, el viejo y el joven, de Verruchio, que tanto daño hicieron a Montagna, siguen ensangrentando sus dientes donde acostumbran. La ciudad del Lamone y la del Santerno están dirigidas por el leoncillo de blanco cubil, que del verano al invierno cambia de partido; y aquella que está bañada por el Savio vive entre la tiranía y la libertad, así como se asienta entre la llanura y la montaña[210]. Ahora te ruego que me digas quién eres, no seas más duro de lo que lo han sido otros, así pueda tu nombre durar eternamente en el mundo.

Cuando el fuego hubo producido su acostumbrado rumor, movió de una parte a otra su aguda punta; después habló así:


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