Divina Comedia
Divina Comedia Así como la vista, cuando se disipa la niebla, reconoce poco a poco las cosas ocultas por el vapor en que estaba envuelto el aire, de igual modo, y a medida que la mía atravesaba aquella atmósfera densa y oscura conforme nos íbamos acercando hacia el borde del pozo, el error se disipaba y crecía mi miedo. Lo mismo que Montereggione corona de torres su recinto amurallado[235], así por el borde que rodea el pozo, se elevaban como torres y hasta la mitad del cuerpo los gigantes, a quienes amenaza todavía Júpiter desde el cielo cuando truena. Yo podía distinguir ya el rostro, los hombros y el pecho de uno de ellos, y gran parte de su vientre y sus dos brazos a lo largo de los costados. En verdad que hizo bien la Naturaleza cuando abandonó el arte de crear semejantes seres, para quitar pronto a Marte tales ejecutores; y si ella no se arrepiente de producir elefantes y ballenas, quien lo piense sutilmente verá en esto mismo su justicia y su discreción: porque donde la fuerza del ingenio se une a la malevolencia y al vigor no hay resistencia posible para los hombres, y estos animales son grandes, pero están desprovistos de inteligencia.