Divina Comedia
Divina Comedia —No sé cómo estará mi cuerpo allá arriba —repuso—, porque esta Ptolomea tiene el privilegio de que las almas caigan con frecuencia en ella antes de que Atropos mueva los dedos[255], y para que de mejor grado me arranques las congeladas lágrimas del rostro, sabe que en cuanto un alma comete una traición como la que yo cometÃ, se apodera de su cuerpo un demonio que, a partir de entonces, dirige todas sus acciones hasta que llega al término de su vida. En cuanto al alma, cae en esta cisterna y por eso tal vez aparezca todavÃa en el mundo el cuerpo de esta sombra que está detrás de mà en este hielo. Debes conocerlo, si es que acabas de llegar al Infierno: es Branca d’Oria, el cual hace muchos años que fue encerrado aquÃ.
—Yo creo que me engañas —le dije—, porque Branca d’Oria no ha muerto aún, y come y bebe y duerme y va vestido.
—Aún no habÃa caÃdo Miguel Zanche[256] —repuso aquél— en la fosa de Malebranche, allà donde hierve continuamente la pez, cuando Branca d’Oria dejaba un diablo haciendo sus veces en su cuerpo y en el uno de sus parientes que fue cómplice en la traición[257]. Extiende ahora la mano y ábreme los ojos.
Yo no se los abrà y creo que el ser con él desleal fue una lealtad por mi parte.