Divina Comedia
Divina Comedia —Pronto llegarás a un sitio donde tus ojos te darán la respuesta cuando veas la causa de ese viento.
Y uno de los desgraciados de la helada charca nos gritó:
—¡Oh, almas tan culpables que habéis sido destinadas al último recinto! Arrancadme de los ojos este duro velo a fin de que pueda desahogar el dolor que me hincha el corazón antes de que mis lágrimas se hielen de nuevo.
Al oÃr tales palabras, le dije:
—Si quieres que te alivie, dime quién fuiste, que si no te presto ese consuelo, véame sumergido en el fondo de este hielo.
Entonces me contestó:
—Yo soy fray Alberigo[254], aquel cuyo huerto ha producido tan mala fruta que aquà recibo un dátil por un higo.
—¡Oh! —le dije—, ¿también tú has muerto?