Divina Comedia
Divina Comedia —¿Te imaginas sin duda que estás aún al otro lado del centro, donde me agarré al pelo de ese miserable gusano que atraviesa el mundo? Allá te encontrabas mientras descendÃamos; cuando me volvÃ, pasaste el punto hacia el hemisferio opuesto a aquel que cubre el árido desierto y bajo cuyo más alto punto fue muerto el Hombre que nació y vivió sin pecado. Tienes los pies sobre una pequeña esfera que por el otro lado mira a la Judesca. Aquà amanece cuando allà anochece. Y éste de cuyo pelo nos hemos servido como de una escala permanece aún fijo del mismo modo que antes. Por esta parte cayó del Cielo, y la Tierra, que antes estaba en este lado, aterrorizada al verlo, se hizo del mar un velo y se retiró hacia nuestro hemisferio. Y quizá también huyendo de él, quedó aquà este espacio vacÃo[262].
Hay allá abajo una cavidad que se aleja tanto de Lucifer cuanta es la extensión de su tumba; cavidad que no puede reconocerse por la vista, sino por el rumor de un arroyuelo que desciende por el cauce de un peñasco que ha perforado con su curso sinuoso y poco pendiente. Mi GuÃa y yo entramos en aquel camino oculto para volver al mundo luminoso; y sin concedernos el menor descanso subimos, él delante y yo detrás, hasta que pude ver por una abertura redonda las bellezas que contiene el Cielo, y por allà salimos para volver a ver las estrellas.