Divina Comedia
Divina Comedia Después salió fuera por la hendidura de una roca y me sentó sobre el borde de la misma, poniendo junto a mà su pie prudente. Yo levanté mis ojos, creyendo ver a Lucifer como lo habÃa dejado, pero vi que tenÃa las piernas en alto. Si debà quedar asombrado, júzguelo el lector, que no sabe qué punto es aquel por donde yo habÃa pasado[261].
—Levántate —me dijo el Maestro—: la ruta es larga, el camino malo y ya el Sol se acerca a la mitad de tercia.
El sitio donde nos encontrábamos no era como la galerÃa de un palacio, sino una caverna de mal piso y escasa luz.
—Antes que yo salga de este abismo, Maestro mÃo —le dije al ponerme en pie—, dime algo que me saque de confusiones. ¿Dónde está el hielo? ¿Y cómo es que Lucifer está de ese modo invertido? ¿Cómo es que, en tan poco tiempo, ha recorrido el Sol su carrera desde la noche a la mañana?
Me contestó: