Divina Comedia
Divina Comedia —Hijo mÃo, haz por llegar hasta aquel punto —respondió, mostrándome una prominencia que rodeaba por aquel lado toda la montaña.
Sus palabras me aguijonearon de tal modo que me esforcé cuanto pude trepando hasta donde él estaba, tanto que puse mis plantas sobre aquella especie de cornisa. Nos sentamos allà ambos, vueltos hacia Levante, por cuyo lado habÃamos subido, pues suele agradar la contemplación del camino que uno ha hecho. Primeramente dirigà los ojos al fondo, después los levanté hacia el Sol y me admiraba de que éste nos iluminase por la izquierda.
El Poeta observó que me quedaba estupefacto mirando el carro de la luz que iba a pasar entre nosotros y el Aquilón; por lo cual me dijo: