Divina Comedia
Divina Comedia —Avanzaremos hoy tanto como podamos —me respondió—; pero el camino es muy diferente de lo que te figuras. Antes de que lleguemos arriba verás volver el Sol, que ahora se oculta tras de la cuesta y cuyos rayos no quiebras en este momento. Pero ve allà un alma que, inmóvil y completamente sola, dirige hacia nosotros sus miradas; ella nos enseñará el camino más corto.
Llegamos junto a ella. ¡Oh alma lombarda, cuán altanera y desdeñosa estabas y cuán noble y grave era el movimiento de tus ojos! Ella no nos decÃa nada, pero dejaba que nos aproximásemos, mirando únicamente como el león cuando reposa. Virgilio se le acercó rogándole que nos enseñase la subida más fácil; pero ella, sin contestar a su pregunta, quiso informarse acerca de nuestro paÃs y de nuestra vida. Y al empezar mi GuÃa a decir «Mantua…»[39], la sombra, que antes estaba como concentrada en sà misma, corrió hacia él desde el sitio en que se encontraba, diciendo «¡Oh mantuano!, yo soy Sordello, de tu tierra». Y se abrazaron mutuamente[40].