Divina Comedia

Divina Comedia

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Florencia mía, bien puedes estar satisfecha de esta digresión que no habla contigo, merced a tu pueblo que tanto se ingenia. Hay muchos que tienen la justicia en el corazón, pero son tardíos en aplicarla porque temen disparar el arco imprudentemente; mas tu pueblo la tiene en la punta de sus labios. Muchos rehúsan los cargos públicos, pero tu pueblo responde solícito, sin que lo llamen, y grita: «Yo los acepto». Alégrate, pues, que motivo tienes para ello. Eres rica, disfrutas tranquilidad, tienes prudencia. Claramente demuestran los hechos que estoy diciendo la verdad. Atenas y Lacedemonia, que hicieron las antiguas leyes y fueron tan civilizadas, dieron un débil ejemplo de vivir bien, comparadas contigo; pues dictas tan sutiles decretos que los que expides en octubre no llegan a mediados de noviembre. ¿Cuántas veces, en el tiempo a que alcanza la memoria, has cambiado de leyes, de moneda, de oficios y de costumbres y renovado tus habitantes? Y si bien y claramente lo analizas, conocerás que eres semejante a aquella enferma que no encuentra postura que la acomode sobre la cama y procura hacer más llevadero su dolor dando vueltas y más vueltas[42].





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