Divina Comedia
Divina Comedia ANTEPURGATORIO: EL VALLE AMENO. LOS PRÍNCIPES QUE ESTUVIERON APEGADOS A LA GLORIA TERRENA
Virgilio explica a Sordello el viaje que están haciendo y le pide orientación. Éste les hace pasar la noche en un valle, donde aguardan los reyes que dieron más importancia a la gloria terrena que a su salvación eterna.
Después de haber cambiado entre sí tres o cuatro veces corteses y halagüeños saludos, Sordello se hizo un poco atrás y dijo:
—¿Quiénes sois?
—Mis huesos fueron sepultados por mandato de Octavio, antes de que se hubiesen dirigido hacia esta montaña las almas dignas de subir hasta Dios[43]. Yo soy Virgilio, que perdí el Cielo por no tener fe y no por otra culpa.
Así respondió mi Guía. Como el que de improviso ve una cosa que le asombra y a la que no sabe si dar o no crédito, diciendo «es, no es», así se quedó aquél. Después bajó los ojos, se adelantó humildemente hacia él y lo abrazó como un súbdito a un superior.
—¡Oh gloria de los latinos —dijo—, por quien nuestra lengua demostró cuánto podía! ¡Honor eterno del lugar donde nací! ¿Qué mérito o qué gracia permite que yo te vea? Si es que soy digno de oír tus palabras, dime si vienes del Infierno y de qué recinto.
