Divina Comedia
Divina Comedia —¿Cómo es eso? —le contestó—. Quien quisiera subir de noche ¿se verÃa detenido por alguien? ¿O es que acaso no podrÃa subir?
El buen Sordello pasó su dedo por el suelo, diciendo:
—¿Ves esta sola lÃnea? Pues no la atravesarás después de haberse ocultado el Sol; no por otra causa, sino porque te lo impedirán las tinieblas nocturnas, las cuales, con la impotencia que originan, contrarrestan la voluntad[46]. Con ellas podrÃase muy bien volver abajo y recorrer la cuesta vagando en torno, mientras el dÃa esté bajo el horizonte.
Entonces mi Señor, como asombrado, repuso:
—Condúcenos a donde dices que puede ser agradable permanecer.
Nos habÃamos alejado un poco de allÃ, cuando eché de ver que el monte estaba hendido como los valles que hay en nuestro hemisferio.
—Iremos —dijo aquella sombra— allá donde la cuesta forma una cavidad y esperaremos en ella el nuevo dÃa.