Divina Comedia
Divina Comedia —No pretendáis que os guÃe hasta donde están ésos antes de que se oculte el poco sol que queda. Desde esta altura veréis las acciones y los rostros de todos mejor que si estuvieseis entre ellos en el mismo valle. Aquel que está sentado en el puesto más alto, que en su actitud parece haberse descuidado de hacer lo que debÃa y cuya boca no se mueve para cantar con los demás, fue el emperador Rodolfo, que pudo curar las heridas que han dado muerte a la Italia, de tal modo, que tarde le vendrá de otro el remedio. El que con su presencia conforta al primero gobernó la tierra donde nace el agua que el Moldava conduce al Elba y el Elba al mar. Llamose Ottokar y ya en la infancia fue mucho mejor prÃncipe que su hijo Wenceslao cuando barbado, a quien enervaron el ocio y la lujuria. Y aquel romo, que parece consultar con tanta intimidad al otro de benigno aspecto, murió huyendo y marchitando la flor de lis; mirad cómo se golpea el pecho y ved cómo el otro, suspirando, apoya su mejilla en la palma de la mano. Padre y suegro son del mal de Francia; saben que su vida fue grosera y viciosa y de ahà proviene el dolor que los aflige. Aquel que parece tan corpulento y que canta acorde con el narigudo, llevó ceñida la cuerda de toda virtud; y si después de él hubiera reinado más tiempo el jovencito que a su espalda se sienta bien habrÃa pasado el valor de padre a hijo; lo cual no se puede decir de sus otros herederos. Jaime y Fadrique conservan los reinos, pero ninguno de ellos posee la mejor herencia. Raras veces renace por las ramas la humana probidad, pues asà lo quiere Aquel que nos la da para que a Él se la debamos. No menos se dirigen mis palabras al narigudo que al otro, a Pedro, que está con él; pues de su descendencia se lamentan ya la Pulla y la Provenza. La planta es inferior a la semilla tanto, cuanto más que Beatriz y Margarita se glorÃa Constanza aún de su marido. Ved ahà al rey de sencilla vida, sentado aparte y solo, a Enrique de Inglaterra; éste ha producido mejores vástagos. Aquel que está en el suelo más abajo que los otros, mirando hacia arriba, es el marqués Guillermo, por quien AlejandrÃa y sus guerreros hacen llorar hoy al Monferrato y al Canavés[47].