Divina Comedia
Divina Comedia —Maestro, lo que veo dirigirse hacia nosotros no me parecen personas, ni sé lo que es, pues se desvanecen a mi vista.
Me contestó:
—La abrumadora condición de sus tormentos los hace inclinarse de tal modo hacia el suelo que aun mis ojos dudaron al principio; pero mira allà fijamente, descubre con tu vista a los que vienen debajo de esas peñas y podrás juzgar cuál es el tormento de cada uno de ellos.
¡Oh cristianos soberbios, miserables y débiles, que, enfermos de la vista del entendimiento, os fiáis en vuestros pasos, sin ver que camináis hacia atrás! ¿No observáis que somos gusanos nacidos para formar la angelical mariposa que dirige su vuelo sin impedimento hacia la justicia de Dios? ¿Por qué se engrÃe soberbio vuestro ánimo, cuando sólo sois defectuosos insectos, como crisálidas que no llegan a desarrollarse? Asà como, para sostener un piso o un techo, se ve a veces por ménsula una figura cuyas rodillas se doblan hasta el pecho, la cual, con ser fingido su esfuerzo, produce verdadera aflicción en quien la mira, del mismo modo vi yo a aquellas almas cuando las examiné con cuidado. Es cierto que estaban más o menos contraÃdas, según era mayor o menor el peso que soportaban; pero aun la que más paciente y aliviada se mostraba en sus movimientos parecÃa decir llorando: «No puedo más».