Divina Comedia
Divina Comedia —Venid con nosotros, a mano derecha, por la orilla, y encontraréis un sendero por donde puede subir una persona viva. Y si no me lo impidiera este peñasco, que doma mi soberbia cerviz y me obliga a llevar la cabeza baja, mirarÃa a ese que vive aún y no se nombra, para ver si lo reconozco y para excitar su piedad por mi suplicio. Yo fui latino e hijo de un gran toscano: mi padre fue Guillermo Aldobrandeschi; no sé si habréis oÃdo alguna vez su nombre. La antigua nobleza y las brillantes acciones de mis antepasados me hicieron tan arrogante, que no pensando en nuestra madre común, tuve tanto desprecio hacia los demás hombres, que este mismo desprecio causó mi muerte, como lo saben los seneses y como saben en Campagnatico hasta los niños. Yo soy Umberto, y no es a mà solamente a quien ha perjudicado mi orgullo, sino que también ha acarreado la desgracia a todos mis parientes[73]. Por mis pecados me veo en la presión de soportar aquà este peso, hasta dejar a Dios satisfecho. Ya que no lo hice entre los vivos, debo hacerlo entre los muertos.
Al oÃrlo, bajé la cabeza; y uno de ellos, que no era el que hablaba, se volvió bajo el peso que lo agobiaba; me vio, conociome y me llamó, teniendo los ojos fijos con gran trabajo en mÃ, que caminaba inclinado junto a ellos.