Divina Comedia
Divina Comedia —Hermano —me dijo—, más agradan los dibujos que ilumina Francesco Bolognese. Ahora todo el honor es suyo, si bien yo participo en él. No hubiera yo sido en vida tan generoso, a causa del gran deseo de sobresalir en mi arte que dominaba mi corazón. De tal soberbia aquà se paga la pena; y estoy aquÃ, gracias a que cuando aún podÃa pecar, volvà mi alma a Dios. ¡Oh vanagloria del ingenio humano! ¡Cuán poco dura tu lozano verdor cuando no alcanza épocas de ignorancia! CreÃa Cimabue ser árbitro en el campo de la pintura y ahora es a Giotto a quien se aclama, de modo que ha quedado oscurecida la fama de aquél. De igual modo un Guido ha despojado a otro de la gloria de la lengua, y acaso ha nacido ya quien arroje a los dos de su nido. El rumor del mundo no es más que un soplo, que tan pronto viene de un lado como de otro y cambia de nombres lo mismo que cambia de sitios. De aquà a mil años no será mayor tu fama si mueres viejo que si hubieras muerto siendo niño, antes de dejar la papilla y el sonajero. Ese espacio de tiempo, comparado con la eternidad, es mucho más corto que un abrir y cerrar de ojos respecto al cÃrculo que más lentamente se mueva en el cielo[74]. En toda la Toscana resonó el nombre de ese que va caminando paso a paso delante de mÃ, y ahora apenas se lo menciona en Siena, de donde era señor cuando fue destruida la ira florentina, que en aquel tiempo era tan altanera como ahora es prostituta. Lo que entre los vivientes llamáis fama es semejante al color de la hierba, que viene y va, y el sol que las decolora es el mismo que ha hecho brotar sus tiernos tallos.