Divina Comedia
Divina Comedia Le contesté:
—Tus verÃdicas palabras infunden en mi corazón una buena humildad y abaten mi hinchazón; pero ¿quién es ese del que hablabas ahora?
—Ése —me respondió— es Provenzano Salvani; está aquà porque tuvo la presunción de reunir en su mano todo el gobierno de Siena[75]. Ha marchado y continúa marchando sin reposo desde que murió, pues en tal moneda paga quien allá se ha mostrado demasiado audaz.
Le repliqué:
—Si un espÃritu que, para arrepentirse, aguarda al final de su vida, permanece en la parte inferior de la montaña, y a no ser que lo ayude una ferviente oración no sube hasta este sitio hasta haber transcurrido un espacio de tiempo igual al que vivió, ¿cómo es que se le ha permitido a ése llegar hasta aquÃ?
—Cuando vivÃa en medio de su mayor gloria —dijo—, se presentó en la plaza de Siena deponiendo toda vanidad, y allÃ, para librar a un amigo suyo del cautiverio que sufrÃa en la prisión de Carlos[76], se portó de modo que temblaban todas sus venas por la vergüenza. No te diré más; sé que te hablo en términos oscuros; pero no transcurrirá mucho tiempo sin que tus conciudadanos obren de modo que te permitirá penetrar el sentido de mis palabras[77]. Esta acción le ha valido traspasar la puerta del Purgatorio.