Divina Comedia
Divina Comedia —La primera de esas de quienes deseas noticias —me dijo entonces— fue emperatriz de una multitud de pueblos donde se hablaban diferentes lenguas, y tan dada al vicio de la lujuria que permitió en sus leyes todo lo que incitaba al placer para ocultar de ese modo la abyección en que vivÃa. Es SemÃramis[58], de quien se lee que sucedió a Nino y fue su esposa, y reinó en la tierra de que hoy es dueño el Sultán. La otra es la que se mató por amor y quebrantó la fe prometida a las cenizas de Siqueo[59]. Después sigue la lasciva Cleopatra. Ve también a Helena, que dio lugar a tan funestos tiempos[60], y ve al gran Aquiles[61], que al fin tuvo que sucumbir por amor. Ve a Paris y a Tristán[62]….
Y más de mil sombras me fue enseñando y designando con el dedo, a quienes Amor habÃa hecho salir de esta vida. Cuando oà a mi sabio nombrar a las antiguas damas y caballeros me sentà dominado por la piedad y quedé como aturdido. Empecé a decir:
—Poeta, quisiera hablar a aquellas dos almas que van juntas y parecen más ligeras que las otras impelidas por el viento.
Y él me contestó:
—Espera que estén más cerca de nosotros y entonces ruégales, por el amor que las conduce, que se dirijan hacia ti.
Tan pronto como el viento las impulsó hacia nosotros, alcé la voz diciendo: