Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh, almas atormentadas!, venid a hablarnos, si otro no se opone a ello.
Asà como dos palomas, excitadas por sus deseos, se dirigen con las alas abiertas y firmes hacia el dulce nido, llevadas con el aire por una misma voluntad, asà salieron aquellas dos almas de entre la multitud donde estaba Dido, dirigiéndose hacia nosotros a través del aire malsano, atraÃdas por mi eficaz y afectuoso llamamiento.
—¡Oh, ser gracioso y benigno, que vienes a visitar en medio de este aire negruzco a los que hemos teñido el mundo de sangre! Si fuéramos amados por el Rey del universo, le rogarÃamos por tu tranquilidad, ya que te compadeces de nuestro acerbo dolor. Todo lo que te agrade oÃr y decir te lo diremos y escucharemos con gusto mientras siga el viento tan tranquilo como ahora[63]. La tierra donde nacà está situada en la costa donde desemboca el Po con todos sus afluentes para descansar en el mar. Amor, que se apodera pronto de un corazón gentil, hizo que éste se prendara de aquel hermoso cuerpo que me fue arrebatado, de un modo que aún me atormenta. Amor, que no dispensa de amar al que es amado, hizo que me entregara vivamente al placer de que se embriagaba éste, que, como ves, no me abandona nunca. Amor nos condujo a la misma muerte. CaÃna[64] espera al que nos arrancó la vida.