Divina Comedia
Divina Comedia Así como se interrumpe el sueño cuando una nueva luz hiere de improviso nuestros ojos cerrados, y aunque interrumpido se agita antes de desvanecerse completamente, así terminaron mis visiones tan pronto como me dio en el rostro una claridad mucho mayor de la que estamos acostumbrados a ver. Me volví a uno y otro lado para examinar el sitio en que me encontraba, cuando oí una voz que decía: «Por aquí se sube». Aquella voz hizo que me olvidase de todo y despertó en mí tan vivo deseo de mirar quién era el que hablaba, que no habría descansado hasta averiguarlo. Pero me faltó la facultad de ver, como sucede cuando el Sol nos deslumbra y vela nuestros ojos con el esplendor de sus rayos.
—Éste —me dijo mi Maestro— es un espíritu divino que se oculta en su propia luz y que nos indica la vía para ir arriba sin que se lo roguemos. Hace con nosotros lo que el hombre consigo mismo; en cambio, quien ve una necesidad y aguarda a que le supliquen, ya se prepara malignamente a rehusar todo socorro. Ahora nuestros pies deben aprestarse a obedecer tan cortés invitación; apresurémonos, pues, a subir antes de que oscurezca, porque después no podríamos hacerlo hasta la nueva aurora.