Divina Comedia
Divina Comedia Íbamos caminando con pasos lentos y contados y yo ponía toda mi atención en las sombras, escuchándolas piadosamente llorar y lamentarse, cuando por ventura oí exclamar con dolorida voz, semejante a la de una mujer próxima a su alumbramiento: «¡Dulce María!»; y en seguida:
«¡Fuiste tan pobre, como se puede ver por aquel establo donde depusiste tu santo fruto!». A continuación oí:
«¡Oh buen Fabricio, preferiste ser pobre y virtuoso antes que poseer grandes riquezas y caer en el vicio!». Estas palabras me eran tan agradables que me adelanté a conocer al espíritu de quien al parecer procedían. Éste seguía hablando de los donativos que hizo Nicolás a las doncellas para conducir su juventud por la senda del honor[131].
— ¡Oh alma que recuerdas tan benéficas acciones! Dime quién fuiste —le pregunté— y por qué eres la única que reiteras esas dignas alabanzas. Tus palabras no quedarán sin recompensa si vuelvo al mundo para concluir el corto camino de esta vida que vuela a su término.