Divina Comedia
Divina Comedia Asà lo hicimos y emprendimos el camino sin titubear, una vez que a ello asintió la otra alma virtuosa. Ellos iban delante y yo detrás, solo, escuchando sus palabras, que me comunicaban la inteligencia de la poesÃa. Pero pronto interrumpió tan dulce coloquio la vista de un árbol que encontramos en medio del camino, cargado de manzanas olorosas; y asà como el abeto, elevándose hacia el cielo, va disminuyendo de rama en rama, aquél iba disminuyendo pero por su parte inferior, con objeto, según creo, de que nadie pueda subir a él. Por el lado en que estaba cerrado nuestro camino caÃa de la alta roca un agua cristalina, que se esparcÃa por las hojas superiores.
Los dos poetas se acercaron al árbol, cuando exclamó una voz entre el follaje: «Os puede costar caro tocar este manjar». Después dijo: «MarÃa pensaba más en que las bodas fuesen honrosas y cumplidas, que en su boca, con la que ahora intercede por vosotros: Las antiguas romanas se contentaron con agua por toda bebida y Daniel despreció los manjares y adquirió la ciencia. El primer siglo fue tan bello como el oro; el hambre hacÃa más sabrosas las bellotas y la sed convertÃa en néctar cualquier arroyuelo. En miel y langostas consistió el alimento del Bautista en el desierto; esto le da más gloria y lo hace tan grande como lo patentiza el Evangelio[151]».