Divina Comedia

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CANTO TRIGÉSIMO

PARAÍSO TERRESTRE. APARICIÓN DE BEATRIZ. DESAPARICIÓN DE VIRGILIO. REPRENSIÓN DE BEATRIZ A DANTE

Cuando se detuvo el Septentrión del primer Cielo, que no conoció nunca orto ni ocaso ni más niebla que el velo que sobre él corrió el pecado, y que allí enseñaba a cada cual su deber, como el septentrión de aquí abajo lo enseña al que dirige el timón para llegar a puerto, los veraces personajes que iban entre el Grifo y los siete candelabros se volvieron hacia el carro como hacia el fin de sus deseos[214], y uno de ellos, como enviado del Cielo, exclamó tres veces cantando: «Veni, sponsa, de Libano[215]», y todos los demás cantaron lo mismo después de él. Así como los bienaventurados cuando llegue la hora del juicio final se levantarán con presteza de sus tumbas, cantando «Aleluya» con la voz recobrada de nuevo, del mismo modo se elevaron sobre el carro divino «ad vocem tanti senis», a la invocación de aquel concierto, cien ministros y mensajeros de la vida eterna. Todos decían: «Benedictus qui venit[216]», y después, esparciendo flores por encima y alrededor, añadían: «Manibus o date lilia plenis[217]».


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