Divina Comedia
Divina Comedia PARAÃSO TERRESTRE. CONFESION DE DANTE. INMERSIÓN EN EL LETEO. LAS SIERVAS DE BEATRIZ
—¡Oh tú que estás a la otra parte del sagrado rÃo! —empezó a decir de nuevo, continuando sin demora y dirigiéndome de punta sus palabras, que aun de filo me habÃan parecido tan acerbas—, di, di si esto es verdad. A tal acusación es preciso que tu confesión corresponda.
Estaba yo tan confuso, que mi voz, conmovida, se extinguió antes de salir de sus órganos. Ella esperó un momento y después dijo:
—¿En qué piensas? Respóndeme, pues todavÃa las aguas del Leteo no han borrado tus tristes recuerdos.
La confusión y el miedo reunidos me arrancaron de la boca un «Sû tan débil que fue menester el auxilio de la vista para entenderlo. Asà como se rompe una ballesta por estar demasiado tirantes la cuerda y el arco, de modo que la flecha da con menos fuerza en el blanco, asà yo, quebrantado bajo el peso de tan grave cargo, prorrumpà en lágrimas y suspiros, y la voz, enflaquecida, vino a expirar en mis labios. Ella me dijo:
