Divina Comedia

Divina Comedia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Así habló Beatriz; y yo, enteramente sumiso a sus órdenes, puse mis ojos y mi mente donde ella quiso. Nunca tan velozmente partió el rayo de la condensada nube, cuando cae del más remoto confín del aire, como vi yo el ave de Júpiter precipitarse sobre el árbol, rompiendo su corteza, y no sólo las flores y hojas tiernas, y con toda su fuerza hirió al carro y lo hizo vacilar, como nave combatida por la tempestad, que las olas derriban, ora a babor, ora a estribor. Vi luego introducirse en el carro triunfal una zorra, que parecía no haber tomado jamás ningún buen alimento; pero reprendiole mi Dama sus feas culpas y la obligó a huir tan precipitadamente como lo permitían sus descarnados huesos. En seguida, por donde mismo había venido antes, vi al águila descender a la caja del carro y dejarla cubierta de sus plumas; y semejante a la voz que sale de un corazón contristado, salió del Cielo una voz que dijo: «¡Ay navecilla mía, qué mal cargada estás!». Después me pareció que se abría la tierra entre las dos ruedas, y vi salir un dragón que hincó su maligna cola en el carro, y, retirándola luego como la avispa su aguijón, se llevó consigo una parte del fondo y se alejó muy ufano. Lo que quedó del carro, como la tierra fértil que se cubre de grama, se cubrió de la pluma ofrecida por el águila quizá con intención casta y benigna; y de ellas se cubrieron ambas ruedas y la lanza en menos tiempo del que mantiene un suspiro una boca abierta. Transformado de esta suerte el edificio santo, salieron de sus diversas partes varias cabezas, tres de ellas sobre la lanza y las restantes una en cada ángulo. Las primeras tenían cuernos como los bueyes, pero las otras sólo tenían un cuerno por frente; jamás se han visto semejantes monstruos[248].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker