Divina Comedia
Divina Comedia Tan segura como una fortaleza sobre una alta montaña, vi sentada en el carro a una descarada prostituta, paseando sus miradas en torno suyo. Y como para impedir que se la quitaran, vi un gigante colocado en pie junto a ella, y ambos se besaban de vez en cuando; mas habiendo ella vuelto hacia mí sus ojos codiciosos y errantes, el feroz amante la azotó desde la cabeza a los pies. Después, lleno de suspicacia y de cruel ira, desató el monstruoso carro y lo arrastró tan lejos por la selva, que se ocultaron a mi vista la prostituta y la nueva fiera[249].